domingo, 31 de enero de 2010

Padre José Antonio de Donostia, obras para piano

Padre José Antonio de Donostia

Concierto en la Sala Zitarrosa de Montevideo, en el marco de la Eusko Jaia 2006

Del Primer Cuaderno de "Infantiles", para piano a cuatro manos: Cantilena Romàntica, por Ana Inés Aguirre y Emilia Zavala

 

De "Preludios vascos" para piano: Cantando a la Luz de la Luna, por Javier Villegas


"Preludios vascos" para piano: Canción de cuna, por Ana Inés Aguirre


"Preludios vascos" para piano: Danza Infantil, por Ana Inés Aguirre




El Padre José Antonio de DONOSTIA (1886-1956) nació en San Sebastián (Guipúzcoa) y falleció en el Monasterio de Lecároz (Navarra).

Su personalidad se manifiesta en tres facetas diferentes, pero complementarias: "Vasquismo, Religión y Música". Al estudiar su espíritu religioso, se destaca su amor por el canto gregoriano, al que usa como modelo y tema en sus composiciones vocales y para órgano. Su vocación folklórica se despertó al asistir a diversas conferencias y se afirmó con el estudio de las canciones publicadas por Charles BORDES. En el Colegio de Lecároz (Valle del Baztán) alternó la vida religiosa, la enseñanza y sus investigaciones folklóricas y de sus alrededores extrajo la mayor parte de su material folklórico. En sus escritos y en sus composiciones musicales, es un vasco íntegro, con un nacionalismo puro e ideal. Habla de lo vasco con amor y conocimiento.

Su obra como folklorista es un ejemplo de nacionalismo, habiendo recopilado miles de canciones que conforman un exhaustivo cancionero, indagando también en todas las ramas de la tradición vasca. Como armonizador de canciones populares, respetó el sentido melódico de las mismas, realzándolas con refinamiento sin despojarlas de su carácter y basándose en ellas para generar gran parte de su producción compositiva.

Como musicólogo y folklorista prestó sus servicios al Instituto Español de Musicología en Barcelona. Además transcribió y anotó una colección de sonatas, minués y otras piezas del siglo XVIII halladas por él en el monasterio de Aránzazu (Guipúzcoa). Su obra literaria, comprendida en cinco volúmenes, se divide en artículos, diarios y reseñas, conferencias y temas de folklore. Si bien tuvo desde muy joven una sólida formación técnica musical, puede ser considerado como un autodidacta en materia de composición. Aunque sus primeras obras son de un estilo más bien romántico, no vaciló en abordar el nuevo mundo de expresión que ofrecían RAVEL, DEBUSSY y otros. Su arte se nutre de varias fuentes, como la gregoriana, la polifónica renacentista, la clásica, la romántica, la impresionista, la popular, etc. y de todas ellas forma su estilo personal y propio.

Dentro de su música vocal, la temática religiosa comprende los cinco primeros volúmenes de la edición de sus obras musicales. El P. DONOSTIA está compenetrado de tal manera con la canción religiosa vasca, que a veces es difícil distinguir entre las melodías inventadas por él y las tradicionales. En cuanto a los cuatro volúmenes de música vocal profana, el tema más importante y abundante es el amor, tanto de la madre a su hijo, como el de hombre y mujer, o bien hacia la naturaleza, siendo este último más predominante en el cancionero vasco que en el de otras regiones españolas. La música instrumental en la edición de su obra musical, comprende los tres últimos volúmenes: Piano, Órgano y Música de Cámara. De particular trascendencia en su personalidad de compositor, es la producción orquestal, con importantes obras de ilustración teatral.

Dentro de su producción pianística podemos encontrar dos etapas; a la primera corresponden sus veintiún "PRELUDIOS VASCOS", en los que reproduce literalmente la melodía popular. Él mismo asegura que son netamente vascos, "no sólo por utilizar canciones populares, sino por pintar en ellos el alma vasca de aquellos paisajes, de aquellas personas y pueblos”. De su segunda etapa, son los tres cuadernos para piano a cuatro manos titulados "INFANTILES", exquisitas piezas pensadas para profesores que enseñan piano a niños y a adolescentes.


Fuente: Aguirre, Ana Inés, “EUSKALERRIA: Un Viaje a Través de la Obra del Padre DONOSTIA”. Conferencias. Boletín Americano del Instituto de Estudios Vascos, Nº 160 y Nº 161. Editorial Ekin. Buenos Aires - 1990. Conferencias. Revista Euskal Etxea (La Casa Vasca). Nº 10, Nº 11, Nº 12, Nº 13 y Nº 14. Centro Vasco de Lima (Perú). Lima - 1990 1991.

El banquete más maravilloso

Hoy traigo, con la autorización del autor, un relato muy apropiado para este blog.

El banquete más maravilloso

Ignacio González

Era un tibio y exquisito amanecer de estío que tendía a transcurrir de igual forma que solía durante los tiempos últimos: con la lentitud típica y excesivamente parsimoniosa que, como ya se apuntó, se ha venido dando por los caminos palaciegos de la principal provincia terrenal.

Unos cuantos segundos después del más hermoso e increíble despertar, el prodigio de la vida se manifestó lisonjero y bucólico, con la cálida liviandad que suele encontrarse muy cerca de estos lares.

La primera impresión no pudo menos que ser veleidosa y de un sutil encanto. El ambiente impregnado de la brisa matinal propició el peculiar inicio:

Los árboles frutales cumplieron a cabalidad al surtir el alimento más dulce y jugoso que jamás antes pudo haberse deleitado. La compañía floral encantaba el lugar de una manera suave y elegante, al emitir su colorido tierno e impregnar el mágico aroma de la eternidad.

La caída de agua brindaba el sonido delirante del golpeteo hueco y repetitivo que reflejaba además un distraído y truncado arco multicolor. Era el momento de una fuente frugal de esencias extravagantes convertidas sabiamente en exquisitos y exuberantes sabores místicos que satisfacían al más estricto de los paladares.

El primer tiempo formal lo marcó la cremosa y delicada sustancia obtenida horas antes en la molienda fina producto de los frutos del nogal y hojas de menta.

Las bebidas espiritosas rondaban el lugar cual apariciones fantasmales, entre míticas y verdaderas, que en instantes breves, como punzones móviles y ardientes, cumplían su misión por demás embriagante.

De esta manera el momento llegó a la ansiedad plena para exigir belicosamente el siguiente platillo.

Aves de trino rodeadas de obleas con miel y cereales mixtos, de olor y sabor penetrantes cual jardines versallescos o bosque de olivos. Vegetales a manera de caleidoscopios cósmicos adornaban como elíxir gráfico y cromático las vistas exquisitas que nadie se atrevía en principio a deshacer.

El suceso culinario más allá de la propia degustación debió continuar y poco a poco fueron desapareciendo las formas diseñadas por auténticas manos celestiales.

Cada interludio o entremés era acompañado por complejas y estructuradas melodías de las notas musicales que rondaban en el ambiente; sin embargo y aunque parezca contradictorio, el sonido participaba en armonía poética, de tal manera que no competía (ni pretendía hacerlo) con las otras actividades del festín.

Lo anterior es de destacar pues lo complicado de las bases rítmicas y la síncopa aparente que las armonías entretejía, entretenía plácidamente al sentido auditivo.

Tiempos más tiempos menos, el final se iba acercando con la expectativa eterna hacia el futuro inmediato.

¿Qué alegorías dulces y visuales podrían corresponder al cúmulo de sabores y formas bellas ya desaparecidas a lo largo de este consumo a veces misterioso, a veces único, de una elegante y disfrutable transparencia?

¿Existirá algún alimento del espíritu capaz de trastocar las más hondas fibras del más exigente de los mortales y no tanto?

Nadie quería presentarse al final, pero éste tuvo que llegar; las fanfarreas con su elocuencia así lo denunciaron.

Inmediatamente después del anuncio melódico se hizo el más absoluto silencio en todas las inmediaciones así como en el propio lugar.

Las formas que llegaban extasiaban, una a una, las miradas ávidas, como siempre, de originalidad y audacia.

Solamente la eternidad podrá describir los caprichos primorosos que fueron desfilando a la postre, a manera de floridas y encantadoras construcciones, de adornadas grecas de tiras multicolores y cremosas y apetecibles apariencias.

Todos pudieron constatar y determinar en un instante de arrebato el gran final de este banquete. Lo más maravilloso ya había ocurrido. Sucedió instantes previos a que todo terminara.

Luces multicolores como fuegos artificiales habían inundado el horizonte, cual aves mágicas que aparecían y se ocultaban con gracia, timidez y donaire. Fueron momentos completamente electrizantes, con una fuerte dosis de un poder emanado más allá de lo meramente existencial.

Y así, poco a poco, el regreso a los caminos palaciegos de la principal provincia terrenal, se dio con la parsimonia propia de quien ha experimentado uno de los encantamientos más sublimes que mortal alguno haya sido capaz de atestiguar.

Publicado por Ignacio González el  27 de noviembre de 2009 a las 7:00am en Creatividad en las Artes Culinarias. Fusión de las Artes http://imagenarro.ning.com/


Il festino degli dei
Giovanni Bellini

sábado, 30 de enero de 2010

Pollo relleno florentina (sin deshuesar)

Photobucket

Ahora que vienen los días cálidos, nada mejor un pollo relleno con espinaca y huevo, que se puede comer como entrada o presentar en una mesa fría. Suelo prepararlo para las Fiestas porque es muy rendidor, se obtienen de 12 a 16 rodajas. Lo mejor: no hay que deshuesarlo ni coserlo, se prepara en un molde forrado con papel de aluminio y queda muy bien armado. Los condimentos que van en la superficie forman una costrita sabrosa que simula la piel del pollo.




Ingredientes para 8 a 12 porciones:

5 o 6 bifes de pechuga de pollo
2 atados de espinaca
1 manojo de perejil
2 dientes de ajo
3 huevos crudos
5 huevos duros
80 g. de queso rallado
2 cditas. de aceite
Spray vegetal o aceite para la fuente
Condimentos: sal, pimienta, nuez moscada, 1 cda. de curry, ½ cda. de ají molido, 1 cda. de orégano
2 hojas grandes de papel de aluminio

Preparación del relleno:

1- Lavar 2 atados de espinacas
2- Colocarlas en una olla con un fondo de agua y sal
3- Llevar a hervor 7’ y escurrir
4- Enfriar y apretar con las manos para quitar todo el líquido
5- Picar las espinacas
6- Picar un manojo de perejil


7- Colocar espinacas y perejil en un bol
8- Agregar 1 cdita. de orégano
9- 2 dientes de ajo picados o prensados
10- 3 huevos
11- 80 g. de queso rallado
12- Salar


13- Condimentar con pimienta
14- Nuez moscada
15- 1 cdita. de aceite



Armado del pollo:

16- Rociar una fuente para horno (oval o rectangular) con spray vegetal
17- Forrar con abundante papel de aluminio y rociar también con spray vegetal
18- Espolvorear con sal
19- y pimienta
20- Mezclar 1 cda. de curry, ½ cda. de ají molido y 1 cda. de orégano
21- Espolvorear con la mitad de estos condimentos, reservando la otra mitad


22- Tapizar la fuente con 4 o 5 bifes de pechuga
23- De ser necesario usar algún trozo más para que no queden huecos
24- Salar
25- Colocar la mitad del relleno de espinaca
26- Tener listos 5 huevos duros
27- Cortarles las extremidades y colocarlos en hilera en el centro del relleno


28- Cubrir los huevos duros con el resto del relleno de espinaca
29- Levantar los bordes de los bifes de pollo para cubrir
30- Completar la superficie con otro bife cortado para cubrir todos los intersticios
31- Espolvorear con sal, pimienta
32- Y con el resto de la mezcla de curry, ají molido y orégano
33- Rociar con un hilo de aceite


34- Cerrar el papel de aluminio formando un paquete
35- Llevar a horno fuerte (220° C) precalentado durante 15’, bajar la temperatura a suave (160°) y cocinar durante 1 hora más
36- Retirar, dejar enfriar un poco y llevar al menos 6 horas a la heladera prensándolo con un peso (tablas de picar, sachets de leche, etc.)
37- Quitar el papel de aluminio
38- Colocar sobre una tabla
39- Cortar en rodajas


Al cortar el pollo podrá apreciarse la carne envolviendo el relleno de espinaca y en el centro los huevos duros.


Si se tuvo la precaución de cortar los extremos a los huevos duros, desechando las partes que sólo tienen clara, tendremos una porción de yema en cada rodaja. Colocar cuidadosamente las rodajas en forma escalonada sobre una fuente para servir. Obtendremos 16 rodajas de 1 cm. de espesor o 12 rodajas de 1,5 cm., según la cantidad de porciones deseadas y el grosor de las mismas:


Emplatar una rodaja gruesa o dos finas por porción y acompañar con gajos de tomate u otro vegetal a gusto. Los que estén a dieta pueden usar 4 claras en vez de 3 huevos crudos para el relleno, utilizar queso magro y reemplazar los huevos duros con zanahorias hervidas, que también se verá muy decorativo.




No conviene congelarlo, ya que la textura de la clara de huevo duro se vuelve gomosa en el freezer. Saludos y a disfrutarlo!


Saludos!

jueves, 28 de enero de 2010

ICE CAPUCCINO SODA


Para las tardes infernales de calor que estamos pasando, una bebida nutritiva, rica y fresca que combina el sabor del capuccino con las texturas del hielo granizado y las burbujas de la soda.


Ingredientes para 4 vasos: 

1 cubetera de hielo
1 taza de agua fresca
1 cda. de café instantáneo
3 cdas. de leche en polvo
120 g. de dulce de leche (2 cdas. bien colmadas)
2 a 4 cdas. de azúcar (a gusto)
½ litro de soda o agua carbonatada (con gas)
Canela y cacao para espolvorear


Preparación:

Separar 1 taza de cubitos de hielo (aproximadamente la mitad de la cubetera).


Colocar en el vaso de la licuadora o el mixer con 1 taza de agua fresca.


Licuar procurando que el hielo se triture un poco.


Agregar 1 cda. de café instantáneo,


3 cdas. de leche en polvo


y 120 g. de dulce de leche.


Licuar nuevamente.


Probar y endulzar a gusto colocando de 2 a 4 cdas. de azúcar.


Licuar una vez más y servir hasta llenar las ¾ partes de vasos en los que se habrá distribuido el resto del hielo.


Completar con agua gasificada o soda.


Espolvorear la superficie con canela en polvo y cacao.


Colocar una pajita/sorbente/cañita en cada vaso.


Para la versión light se utiliza leche en polvo descremada, edulcorante y un dulce de leche reducido en calorías. Para la versión hot se añade un chorrito de ron, whisky o cognac.



Servir y disfrutar.

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